La psicoterapia es un proceso que tiene lugar dentro de una relación terapéutica, en la que una persona acude a un profesional para abordar una dificultad o problema de salud mental. A través del diálogo y la escucha, se busca comprender el origen del malestar, aliviar el sufrimiento y encontrar nuevas formas de afrontar las dificultades. Esta relación, basada en la empatía, la aceptación y la colaboración, favorece el autoconocimiento, promueve cambios positivos y ayuda a recuperar el bienestar emocional.
La Psicología Clínica es una especialidad profesional y sanitaria de la psicología que se centra en la evaluación, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de los trastornos mentales, emocionales, del comportamiento y de la personalidad. Su ejercicio requiere una formación especializada y regulada oficialmente, que capacita al profesional para intervenir en problemas psicológicos complejos dentro de contextos asistenciales públicos y privados.
El Psicólogo Clínico actúa como parte de equipos multidisciplinares en el ámbito de la salud, contribuyendo al bienestar psicológico de las personas mediante procedimientos basados en la evidencia científica y dentro del marco ético y deontológico de la profesión.
Dentro de la psicología clínica utilizamos:
Psicoterapia
Evaluaciones de personalidad y psicopatología
La evaluación psicopatológica y de personalidad permite conocer el funcionamiento emocional, cognitivo y conductual de una persona, así como detectar posibles alteraciones o rasgos que influyan en su manera de pensar, sentir y actuar.
Mediante entrevistas clínicas, observación directa y pruebas estandarizadas, el profesional obtiene información valiosa para realizar un diagnóstico preciso, orientar un tratamiento individualizado y comprender mejor la dinámica psicológica del paciente.
Estas evaluaciones son fundamentales tanto en el ámbito clínico como en el preventivo, ya que contribuyen a identificar factores de riesgo y a diseñar estrategias terapéuticas adaptadas a cada persona.
Evaluaciones neuropsicológicas
La neuropsicología se basa en el estudio de cómo nuestros procesos cognitivos (memoria, atención, lenguaje, etc.) interactúan con nuestro comportamiento y con nuestro cerebro, es decir, estudia cómo nuestro cerebro responde y actúa ante el entorno que nos rodea. La neuropsicología clínica es un campo de aplicación que observa las funciones mentales cuando se encuentran afectadas por algún tipo de trastorno o lesión que afecta a nuestro sistema nervioso central, como el deterioro cognitivo asociado a la enfermedad de Alzheimer, el daño cerebral asociado a patologías como los ictus y otras enfermedades neurológicas o trastornos mentales.
La evaluación neuropsicológica (también denominada valoración cognitiva) es un método diagnóstico que estudia el funcionamiento cerebral. Permite al profesional comprender cómo funcionan las diferentes áreas y sistemas del cerebro de un paciente a través de la medición de sus capacidades. Suele recomendarse cuando existen síntomas o quejas relacionados con la memoria, la atención, el razonamiento o el lenguaje, y ofrece información esencial sobre las funciones ejecutivas (como la planificación, la organización o la resolución de problemas) y otros procesos cognitivos.
Estos son algunos de los trastornos:
Ansiedad
Como se suele decir, cada persona es un mundo y ante mismas situaciones cada persona actúa o siente de una forma diferente.
Las situaciones de estrés activan nuestros “comportamientos de supervivencia”, llevándonos a actuar de manera urgente ante las situaciones.
Si esta actitud de supervivencia es momentánea no implica un problema, pero si se convierte en un estado mental duradero puede influir negativamente en la vida de las personas afectadas, cayendo en lo que se conoce como ansiedad.
La ansiedad no sólo nos afecta a nivel mental, a través de temores o pensamientos negativos, sino también físicamente (dificultad para entrar en estado de reposo, relajarse, sudoración excesiva, tensión muscular, etc.) o cambiando nuestro comportamiento (repetición de movimientos musculares “tics”, comportamientos obsesivos, etc.).
La situación de las personas que conviven con este estado de alerta permanente, que se cuenta en millones en el mundo, puede mejorar notablemente con el tratamiento adecuado.
Depresión
Coloquialmente se utiliza el término depresión para referirse a un estado de tristeza pero en realidad describe una situación de mayor trascendencia.
La depresión es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad. Puede ser transitoria o permanente, en ocasiones viene acompañada por la ansiedad y puede afectar profundamente al estilo de vida de aquellas personas que la padecen.
No sólo incluye la tristeza y el decaimiento, síntomas más representativos, pero no necesarios, sino que pueden darse problemas como la falta de energía, el insomnio, la irritabilidad o cambios en el apetito entre otras, llegando en su estado más grave a ideas de autolesión e incluso, el suicidio.
Se trata de un trastorno que en la mayoría de los casos precisa, aunque no se pida, de ayuda profesional para superarla.
Fobias
El miedo es una de las sensaciones que más afectan al comportamiento de las personas. El temor hacía determinados actos u objetos puede delimitar gravemente la vida de las personas afectadas.
En las fobias, nos encontramos ante un miedo intenso, incontrolable e irracional, alejado de la realidad de la situación.
Este miedo extremo tiene variantes: la fobia social, la agorafobia, la claustrofobia… pueden limitar la vida del paciente afectando su entorno social, laboral y familiar y provocar otros trastornos como la dependencia hacia a sustancias, la depresión o crisis de ansiedad.
Con un tratamiento adecuado la persona afectada puede superar sus fobias y llevar un estilo de vida normal.
Crisis de pánico
Las crisis de pánico son momentos en los que se experimenta de modo súbito, un intenso miedo o malestar con una duración variable, que va desde unos minutos hasta, en algunos casos, horas. Pueden ocurrir en cualquier momento sin ningún síntoma previo.
Surgen de modo inesperado y quien los experimenta se siente súbitamente aterrorizado. Lleva asociados síntomas físicos intensos como taquicardias, hiperventilación o dificultad para respirar.
